La fecundación in vitro (FIV) es una de las técnicas más utilizadas en reproducción asistida, y existen dos formas principales de realizarla: FIV convencional e ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoides). Aunque ambos procedimientos comparten etapas comunes —como la estimulación ovárica, la punción folicular y la transferencia embrionaria—, se diferencian principalmente en la forma en que se fecunda el óvulo.
FIV convencional
En este método, los óvulos extraídos se colocan en una placa de laboratorio junto con una cantidad determinada de espermatozoides. La fecundación se produce de manera espontánea: un espermatozoide atraviesa la membrana del óvulo por sí solo. Este procedimiento simula de forma natural el proceso de fecundación y suele emplearse cuando el semen presenta parámetros normales y no hay indicios de infertilidad masculina.
ICSI (Inyección Intracitoplasmática de Espermatozoides)
ICSI es una técnica más precisa y controlada. Consiste en seleccionar un único espermatozoide, que se inyecta directamente en el interior del óvulo mediante una microaguja. Se utiliza especialmente en casos de infertilidad masculina severa (bajo recuento espermático, mala movilidad o morfología), fallos previos de fecundación o cuando se usan espermatozoides obtenidos mediante biopsia testicular.
Principales diferencias:
• Modo de fecundación: espontáneo en FIV, asistido en ICSI.
• Requisitos del semen: FIV requiere parámetros normales; ICSI puede usarse con muestras de baja calidad.
• Uso clínico: FIV se emplea en parejas sin factores masculinos severos; ICSI se reserva para casos con complicaciones espermáticas.
Ambas técnicas son efectivas, y la elección entre una y otra dependerá de la evaluación médica individualizada de cada caso.
Daniel García
Embriólogo
